Qué campo laboral tiene hoy un filósofo

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La filosofía suele pasar como la disciplina humanística más seria que hay, por la gravedad de los temas que trata, pero los que estamos metidos en esto sabemos que tampoco es para tanto.

Entre las cosas pocas serias que uno se debe plantear a cierta edad es qué carrera elegir. Si a alguien se le ha ocurrido pensar en la filosofía como carrera... piénselo de nuevo. Si persiste en su idea, entonces conviene que sepa en qué segmento del mercado laboral puede desempeñarse hoy un egresado de filosofía... al menos en Alemania.

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Sabine Borgard (1960). Universidad: Ludwig-Maximilians-Universität München. Carreras: Psicología organizacional y Filosofía (1992). Estudios complementarios: Marketing.

Ocupación

Sabine fue durante 10 años directora de relaciones institucionales de una empresa; actualmente administra un hotel. La experiencia inicial adquirida en las organizaciones en las que hizo prácticas profesionales como directora de Marketing y consejera en el mejoramiento continuo de la organización se caracterizó por su capacidad para detectar los procesos empresariales y la identidad corporativa, y para armonizar ambos en propuestas estratégicas y
operativas.

Luego, se desempeñó profesionalmente durante 10 años en una empresa como gerente de relaciones con las universidades. En ese puesto diseñó y logró la creación de centros regionales de cooperación entre universidad y empresa, interconectados en una red global y orientados a la innovación y a proyectos de capacitación continua.

Convicciones

La realidad se construye socialmente; el saber y la cultura son históricos; las causas y efectos cambiantes de los procesos históricos no pueden ser comprendidos desde la óptica de una sola disciplina académica.

La formación en ciencias humanas en general y la formación filosófica en particular pueden ser un factor innovador de importancia para las empresas, en la medida en que aporten un valor agregado inmaterial y unas propuestas viables de intervención en los procesos, es decir, en la medida en que diseñen medidas concretas que permitan superar las múltiples deficiencias de un enfoque puramente tecnológico de la producción de bienes y servicios en la sociedad. Por lo general, este aporte es aún muy poco aprovechado.

La innovación, sin embargo, no puede ser competitiva si se emplaza fuera o de espaldas al lenguaje vigente en un determinado mercado. Por esta razón, todo científico social o humano, y particularmente el filósofo, debe ser un comunicador, capaz de hablar el lenguaje del hombre de la calle y trasmitir un mensaje con eficiencia. El filósofo está especialmente entrenado para esta tarea, debido a que su conocimiento de la retórica y de la lógica le permite captar con rapidez y abordar con método la comprensión, el saber y las capacidades perceptivas de aquellos a quienes se dirige.

Puesto que el filósofo no respalda su comprensión del orden en un determinado cuerpo normativo, su libertad de pensamiento frente a las posibles soluciones de los problemas que enfrenta la organización es considerablemente mayor que la que se permiten los funcionarios, y puede aportar a transformaciones importantes en lo administrativo institucional, así como en lo laboral y lo económico.

Si quiere mantenerse fiel al principio de la autodeterminación, el filósofo no debe salir en busca un puesto de trabajo, sino que debe ofrecer más bien un producto de alta calidad, que un determinado mercado laboral requiere. Sabine Borgard está convencida de que esto es posible con una buena dosis de fantasía y creatividad; pero afirma también que sólo lo lograrán las personas con mayor capacidad de estudio y trabajo disciplinado.

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Goetz Erhardt (1968), Universidad: Frei Universität Berlin. Carrera: Filosofía. Estudios complementarios: MBA, Bradford University (UK).

Ocupación

Gerente de Marketing en la empresa consultora internacional
Accenture. Consultor en Marketing estratégico y proyectos corporativos. Su desempeño laboral consiste en ser conferencista en el tema ‘Comunicación empresarial
en los procesos de cambio’, y se presenta como experto en estrategias de comunicación para
grupos críticos de interés y Marketing tecnológico.

Convicciones

La causa principal de los prejuicios respecto de la filosofía y de que los egresados no hallen con facilidad un campo de desempeño laboral fuera del mundo académico se debe a los propios filósofos. Particularmente la filosofía alemana ha contribuido a instalar una tradición académica basada en un lenguaje oscuro que tiende a separarse del mundo. Pero verdad y claridad no tienen por qué estar divorciadas en la filosofía.

Cada vez más los filósofos se plantean, incluso en Alemania, preguntas filosóficas que resultan de gran relevancia para quienes se hallan sumergidos en actividades no-académicas. La gran diferencia está en que, en los seminarios de filosofía, las mismas preguntas que podrían plantearse en el cine o en los debates de café, se plantean y abordan de manera sistemática y metódica.

La principal ventaja del filósofo que ha formado su mente en los seminarios es que en la filosofía, a diferencia de otras disciplinas académicas, no hay un canon de teorías reconocidas por todos como vinculantes ni hay un sustrato de conocimientos positivos que uno simplemente tenga que asimilar. Los estudiantes de filosofía suelen irritarse con este hecho, pero a la larga esta indeterminación doctrinal es aquello que les otorga las mayores ventajas comparativas.

La filosofía sólo adquiere significación científica si se vincula con preguntas prácticas y con lo empírico; pero la enseñanza universitaria de la filosofía no se orienta, por lo general, en ese sentido. Cuando los estudiantes de filosofía llegan finalmente a la pregunta acerca de su desempeño profesional futuro, las alternativas que se les presentan desde ese enfoque son la misma enseñanza universitaria o, en su defecto, el trabajo como profesor en un colegio, como redactor en un diario o corrector de estilo en una editorial. A ello hay que añadir que el mercado que ofrece esas plazas está por lo general saturado.

El mercado laboral también ha contribuido a que esta sea la penosa situación de la mayoría de los estudiantes de filosofía; porque siempre ha buscado especialistas. Para el empleador tradicional, el filósofo no es un especialista, sino más bien un ‘generalista’. Pero poco a poco esta situación del mercado laboral ha ido cambiando, y hoy hay empleadores que comprenden que no sólo deben enfrentar el proceso de producción, sino además situaciones cada vez más complejas que involucran liderazgo estratégico, solución a las confrontaciones políticas, funciones de consultoría y de comunicación interna, que sobrepasan las capacidades de los especialistas. 

Sin desconocer la utilidad de la formación clásica, la filosofía analítica ofrece la mejor entrada para una formación intelectual capaz de adaptar la mente del filósofo a las exigencias del mundo empresarial. Ser capaz de formular teoremas filosóficos de una manera clara, sostenidos en conocimientos empíricos, y sometidos sobre todo a rigurosos exámenes críticos forma mejores capacidades competitivas que el estudio esotérico de las doctrinas metafísicas. Más aún, a diferencia de las doctrinas metafísicas, la filosofía analítica facilita el vínculo fructífero con las otras disciplinas académicas.

Las capacidades desarrolladas por el individuo formado en la filosofía analítica son un pensar rápido y preciso, la habilidad de detectar los flancos débiles de las argumentaciones, de desarrollar líneas argumentativas conducentes, la defensa crítica de las posiciones, en una palabra: la adquisición de una caja de herramientas dialécticas.

Uno de los primeros prejuicios que el estudiante de filosofía tiene que superar para poder ser capaz de asumir este enfoque es la mala fama que en las clases tradicionales de filosofía tienen los retóricos y los sofistas.  

Consejos finales

Luego de presentar su experiencia y sus convicciones, Goetz Erhardt da los siguientes consejos a los estudiantes de filosofía:

(1) Combinar los estudios de filosofía con una disciplina empírica.

(2) Plantearse desde un inicio una alternativa profesional frente al incierto desempeño futuro como académico.

(3) Poner a prueba las capacidades que se van adquiriendo durante los estudios de filosofía mediante prácticas pre-profesionales voluntarias.

(4) Recordar que las habilidades filosóficas pueden ser de gran ayuda, pero que por lo general son superfluas en el mundo empresarial.

(5) Mantener siempre una actitud de flexibilidad y de apertura en el trato con el mercado laboral.

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Michael Esfeld (1966). Universidad: Albert-Ludwigs-Universität Freiburg im Breisgau. Carreras: Filosofía e Historia.

Ocupación

Profesor de teoría del conocimiento, teoría de la ciencia y
lógica en la Universidad de Colonia y de teoría del conocimiento y
filosofía de la ciencia en la Universidad de Lausanne.

Convicciones

A pesar de que en el mundo hay más aspirantes a profesor universitario de filosofía que plazas docentes libres, la pasión por la filosofía conduce a la enseñanza. Todo lo que hace falta para alcanzar esta meta es la combinación de talento, excelencia académica, perseverancia y algo de suerte. A pesar de lo que dicen las estadísticas, en los concursos concretos, el número de postulantes a una plaza docente se reduce considerablemente conforme se acerca el momento de decidir a quién se la ha de otorgar. Al final del proceso de selección, uno compite por lo general con dos o tres personas.

La enseñanza de la filosofía en Friburgo peca de demasiado detallista. Se concentra en aspectos puntuales del pensamiento de unos cuantos filósofos, elegidos por los propios profesores según sus intereses personales. No se sigue un plan formativo general, y la facultad se dedica con preferencia a las grandes figuras de Friburgo, Husserl y Heidegger. Esto significa que no hay una formación básica sólida ni una visión macroscópica de las conexiones históricas de los grandes temas de la filosofía. Si esta tendencia a la especialización es algo que ocurre en una de las universidades alemanas más prestigiosas en filosofía, es de suponer que se trata de unos defectos bastante comunes en las otras universidades también. Si a ello se suma la falta trato interdisciplinario que caracteriza a la enseñanza de la filosofía en Alemania, es claro que hay serias deficiencias en la formación universitaria, que sin duda muchos universitarios, sobre todo autoridades y estudiantes, perciben.

La ventaja comparativa en la competencia por un puesto de enseñanza en la universidad alemana estriba en ofrecer capacidades que prometan salvar esas deficiencias comunes del sistema.

[Durante su etapa formativa, una estadía de estudio de francés y griego clásico en Lausanne, y unas estadías de investigación en Cambridge y otros lugares de Inglaterra, así como en Canberra y Pittsburgh, le permitieron a Esfeld ampliar sus capacidades y sobre todo apreciar el trabajo interdisciplinario en equipo y el peculiar estilo de trabajo anglosajón en filosofía.]

Ser profesor de filosofía no es una profesión normal. Por ello, las cualidades que uno debe traer consigo a una candidatura de este tipo son cuatro:

(1) Verdadera vocación intelectual por la filosofía.

(2) Excelencia académica.

(3) Talento pedagógico y comunicativo.

(4) Competencia en asuntos de organización para reconfigurar su propia cátedra.

De una cosa hay que estar convencidos desde el principio: Con las mismas competencias y calificaciones se hace más dinero fuera del ámbito académico y se obtiene mayor reconocimiento social. Pero quien tiene una verdadera vocación filosófica es también necesariamente modesto en lo que toca a la posición social que espera alcanzar. El arribismo y la filosofía no combinan bien.

La profesión de filósofo da una gran libertad respecto de la distribución del propio tiempo, aunque eso no signifique necesariamente menos trabajo real. Un estudiante que aspire a la excelencia académica deberá dedicar cerca de 60 horas a la semana a la filosofía, y eso es lo que seguirá trabajando cuando sea profesor.

Fundamental para el éxito es la ampliación de horizonte que da el contacto con otra disciplina académica y la experiencia en una universidad del extranjero. Asimismo, es muy importante desarrollar habilidad de hallar rápidamente lo esencial en la inmensidad de la literatura que actualmente existe sobre los temas que se estudian en filosofía.

4

Hans-Ulrich Hauschild (1944). Universidad: Justus-Liebig-Universität Giessen. Carreras: Filosofía, Germanística, Ciencias Políticas e Historia.

Ocupación

Consejero de estudiantes de secundaria y Director de la
Oficina de Trabajo del Ministerio Federal de Trabajo, docente de Teoría
y Política del Mercado laboral en diversas universidades.

Convicciones

Sólo en el reino de lo objetivo, en el Estado, es el hombre siempre un fin y no un simple medio de la acción humana. En la lógica del mercado, en cambio, el ser humano es siempre un medio y es el mercado mismo el que se ofrece como fin último. Esto es una violación flagrante del pacto social, que se supone debe protegernos del egoísmo de lo privado. La ola de privatización tiende a viciar la función de los políticos y, a la larga, a hacer superfluas las funciones del Estado. 

Debido a estas convicciones de base, Hauschild enfoca su labor de intelectual en estrecha relación con el sector público.

¿Qué ha permitido que, en los últimos cuarenta años, los científicos sociales se conviertan en expertos en mercado laboral, en administradores o en directores de despachos gubernamentales? ¿Ha alcanzado ya esta tendencia a la filosofía? ¿Capacita la formación tradicional a los filósofos para que puedan incorporarse exitosamente a esta manera nueva de enfocar su trabajo? Por último, ¿de qué tipo de funciones estamos hablando en concreto?

Los ejemplos con los que inicia sus respuestas a estas preguntas los toma Hauschild de su propia experiencia: Redacción de proyectos de ley, formulación de los términos de un contrato entre el ministerio de trabajo y una oficina de empleos, dirección de grupos de trabajo orientados a producir documentos de discusión para altos funcionarios estatales, informes a pedido sobre la situación de la investigación académica en algún estado federado o en la nación, etc. No parecían tareas para un filósofo que 30 años antes se había doctorado con una tesis sobre Hölderlin y su relación con la filosofía. Sin embargo, el estudio de la filosofía y no otra cosa lo capacitó para desempeñar esas labores con éxito.

Uno se pregunta, desde luego, por los contenidos técnicos, no-filosóficos que se supone debe manejar alguien dedicado a esas tareas. ¿Cómo los adquirió? La respuesta de Hauschild es la siguiente: La verdadera formación filosófica implica la adquisición de capacidades y habilidades metódicas claves. Entre ellas sobresalen la capacidad de transferir el conocimiento científico a los niveles de decisión política y la habilidad para plantear los términos precisos de cualquier discusión. ¿Cómo desarrolla uno estas capacidades y habilidades? Sin duda lo hace uno al estudiar metódicamente, durante años, temas como la crítica de Hegel a la moralidad kantiana o el uso de la palabra “paz” por parte de Hölderlin.

En realidad, no importan los contenidos que uno estudia en filosofía, sino el riguroso entrenamiento metódico de la mente que uno adquiere durante los años de estudio. Pero por la amplitud de la cobertura de sus contenidos, es decir, por el carácter no-específico de sus formulaciones teóricas, la filosofía ofrece algo que ninguna otra disciplina, por rigurosa que sea en su metodología, puede ofrecer: La capacidad de aplicarse a cualquier actividad humana.

Cuando uno se dedica al estudio universitario de la filosofía, pasa seis o siete años de su vida confrontándose con la historia de la cultura, y esto marca a una persona en lo moral, intelectual, político y humano. Es decir, no falta ningún aspecto de la vida humana que no haya sido abordado metódicamente. Y cuando uno se dedica después a transferir el conocimiento, todas estas marcas reaparecen.

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Sven Jürgensen (1961). Universidades: Hamburg, Braunschweig y Osnabrück. Carreras: Filosofía, Historia del Arte, Literatura Alemana.

Ocupación

Periodista radial, Encargado de Prensa de la ciudad de Osnabrück, profesor en la Universidad de Hamburgo.

Convicciones

Jürgensen empieza por constatar una tendencia mundial de las universidades a transformarse en empresas que brindan servicios, y esta circunstancia ofrece para él los mejores argumentos contra el estudio tradicional de la filosofía. En general, todas las llamadas ciencias del espíritu se hallan bajo la misma presión, exigidas a legitimarse en un entorno que amenaza con hacerlas desaparecer, no por la fuerza o por decreto, sino por la sola manifestación de la irrelevancia de estas disciplinas para la vida laboral.

Esto, según Jürgensen, es parte del proceso señalado por Foucault a través del cual el ser humano procura hacerse superfluo hasta desaparecer. Puesto que siempre se había interesado por el papel desempeñado por la prensa en la formación de mejores ciudadanos, Jürgensen sabía que este retroceso de las ciencias del espíritu podía constatarse en los medios allí desde hacía tiempo. Lo que verdaderamente le asombra es que tampoco la universidad puede brindarles un asilo asegurado a esas ciencias.

Todo estudiante que tenga la esperanza de vivir de la filosofía es un soñador. Esto no quiere decir, añade Jürgensen, que lo imposible sea simple y llanamente imposible. Siempre pueden darse excepciones. Pero la tendencia es clara: En un determinado momento, el fracaso del proyecto será visible y el estudio de la filosofía tendrá que ser interrumpido. La mayor parte de la responsabilidad reside en la poca versatilidad de los planes de estudio, es decir, reside en la universidad misma. Es frecuente en muchas universidades alemanas que los estudiantes de filosofía de semestres avanzados aún no sepan nada de Platón, Aristóteles, Agustín, Tomás de Aquino, Kant o Hegel. Pero lo más dramático del caso es que aún si tuvieran la suerte de estar en una facultad que los hubiese informado bien acerca de estas grandes figuras de la filosofía, con toda seguridad no sabrían cómo vincular las enseñanzas filosóficas del pasado con el presente que lea ha tocado vivir.

Esta desvinculación de la enseñanza universitaria de la filosofía contribuye a que el sentido común la considere meramente ornamental. Es en la escuela secundaria donde debería otorgarse la información acerca de las grandes figuras del pensamiento, e incluso allí debería familiarizarse el alumno con el canon interpretativo vigente; no en la universidad. En la universidad el trabajo debería ser pensar creativamente sobre esa base. (En seguida Jürgensen caracteriza los dos tipos de profesores de filosofía que tuvo; señala lo mucho que le irritaban los profesores del tipo erudito, que se limitaban a glosar a los grandes filósofos; y subraya el entusiasmo que produjeron en él los profesores que se atrevían a filosofar con independencia).

Luego de concluidos los estudios de filosofía, vino la necesidad de conseguir trabajo. Halló un puesto como practicante en la estación estatal de radio de Osnabrück. Transcurrido un largo periodo en el que sólo trabajó como redactor, finalmente se le dio la oportunidad de producir un programa cultural. Sus intereses filosóficos siempre estuvieron del lado del Idealismo alemán; pero sabía que si presentaba un proyecto de programa radial sobre la libertad en la obra de Fichte, Schelling y Hegel, fracasaría. De modo que optó por acostumbrar a los oyentes, primero tratando los temas triviales que se tratan en cualquier programa radial de la tarde, para luego ir transformándolos poco a poco en espacios cada vez más filosóficos, sin hacer uso, desde luego, del irritante lenguaje de la filosofía universitaria.

A raíz de su doctorado, obtuvo una plaza como docente de filosofía en la Universidad de Hamburg. Desde la cátedra intentó presentar la filosofía de un modo distinto al habitual. Sus temas eran los de siempre, Kant, Fichte, Schelling, Hegel, pero orientados siempre a cuestionar el radical extrañamiento de la filosofía respecto del mundo circundante, con la esperanza de brindar a los estudiantes una capacidad crítica y de anticipación que él sólo pudo adquirir en su experiencia post-universitaria. Pero fracasó. Lo único que constató es que los estudiantes de filosofía suelen ser tan o más conservadores que los maestros más estereotipados.

Ahora, como director de la oficina de prensa de la ciudad de Osnabrück, ya no necesita vivir de la filosofía. Lo único que queda de ella en él es aquel sentimiento de irritación; pero también, desde luego, ha quedado un cierto estilo de vida con el que impregna todas sus actividades y compromisos, y que es, a su juicio, un verdadero lujo en estos tiempos.

6

Ficha # 6 : Hanna Erdina Lauterbach (1961)

<%image(20060809-uni_muenchen.jpg|221|243|Fachada de la Universidad de München)%>

Universidades: Escuela Superior de los Jesuitas y Ludwig Maximilian Universität München
Carreras: Filosofía, Educación Continua, Psicología
Ocupación: Consejera de asuntos de género, terapeuta psico-corporal,
consejera científica del Instituto Bávaro de Investigación y
Planificación de la Educación, miembro del personal
académico-administrativo de la Universidad Técnica de München.

Convicciones

Durante sus estudios básicos y de maestría nunca le preocupó la cuestión del futuro laboral de un filósofo. Por un golpe de suerte, a los cuarenta años halló un puesto administrativo-académico en la Universidad Técnica de München. Luego de haber diseñado y dirigido por un tiempo la revista de los ex-alumnos, se le encomendó la tarea de crear una red de antiguos alumnos, trabajadores, profesores e investigadores invitados de la universidad, para ventaja mutua y consolidación del vínculo entre universidad y sociedad. En el ejercicio de estas labores afloraron en la práctica las cuestiones fundamentales, existenciales y éticas que había visto de una manera puramente teórica durante su formación filosófica, casi sin habérselo propuesto.
Al escuchar los relatos de vida de quienes entrevistaba, Hanna se dio cuenta de que la filosofía le había brindado la habilidad de comprender y de caracterizar a una persona a partir de sus acciones y su lenguaje. El puesto le permitió configurar su “carrera” sobre la base de sus propias capacidades y habilidades intelectuales y comunicativas. Su trabajo cotidiano lo despliega en equipo. El grupo es interdisciplinario, conformado principalmente por científicos naturales, y la atmósfera es de mutuo respeto y colaboración. El desempeño profesional de Hanna no se asemeja, pues, a la visión tradicional del trabajo de un filósofo, sino es más bien una amalgama de periodismo, desarrollo conceptual, consejería, cultivo de las relaciones interpersonales y gestión.

Cinco son las contribuciones concretas que el estudio de la filosofía
con los jesuitas le dejó:

(1) El prestigio de haber obtenido una calificación summa cum laude.

(2) La adquisición de habilidades de pensamiento lógico-sistemático y de manejo del lenguaje.

(3) Una formación humanística general.

(4) La apertura y versatilidad intelectuales propias de la formación filosófica.

(5) La auto-comprensión y percepción de la propia subjetividad.

Hanna considera que el haberse dedicado a la filosofía del lenguaje, la teoría del conocimiento y la ética es lo que ha permitido sacar el mayor provecho laboral de su formación filosófica. Para su tesis de maestría eligió trabajar el tratado de Wittgenstein Sobre la certeza. Ello le permitió analizar argumentaciones y estructuras lógicas complejas, a partir de lo cual le resultó fácil proponer nuevas
relaciones sistemáticas entre los múltiples términos de una problemática dada.

El estudio de la filosofía le dio a Hanna, además, la confianza en sí misma que es necesaria para romper con la influencia excesiva de las opiniones ajenas y los convencionalismos sociales. “Hier verdanke ich meinen Jesuitenprofesoren sehr viel, die uns damals nicht als Kunden, Kostenfaktoren oder Humankapital, sondern als lebendige, geistbegabte Seelen behandelt haben.” Hanna piensa que sus estudios posteriores de Psicoterapia, su ingreso al movimiento feminista y su incursión en las prácticas orientales como el Yoga y la acupuntura son opciones consistentes con la formación filosófica recibida, porque la filosofía no es una profesión (Beruf), sino un llamado (Berufung) a usar las oportunidades, establecer los contactos e inventar no sólo un puesto de trabajo, sino inventarse a uno mismo en ese afán.

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